Cuando de verdad ocurre un Milagro, la gente no para de
discutir sobre lo que ha visto, es nuestra forma de ser, nuestra forma de ver.
Pero si yo viese uno, allí de verdad, lo llevaría dentro
como una fiebre. Si yo Supiera que existe un Dios a quien de verdad le importa
la gente, que nos vigila como un padre y nos cuida como una madre… bueno, yo no
iría diciendo cosas como “Todo se puede ver siempre desde otro punto de vista”
o “Tenemos que respetar las creencias de los demás”. A mí no me encontraríais siendo
amable en general con la esperanza de que todo acabara saliendo bien, no si esa
llama estuviera ardiendo dentro de mí como un hierro al rojo. Y he dicho ardiendo, porque así es como
estaría. Ya no se queman ni sacrifican a los blasfemos, pero eso es lo que
significa la fe verdadera, sacrificar tu propia vida a la llama, día tras día,
declarar la Verdad, trabajar para Ella, respirar de Ella. Eso es la Religión.
Todo lo demás no es más que ser amable con los demás y una forma de estar en
contacto con los vecinos. Creo que así sería yo si creyera realmente, no
seguiría la moda de ahora. Si viese el Mal no podría que fruncir el ceño y
decir “aun así, esto hay que tolerarlo”. Daría mi vida y hasta mi última gota
de sangre impregnada por mi Fe y enferma por mi Creencia para hacer ver el
Error que esa persona está cometiendo.
Hoy por hoy he visto muchos, pero es lo que se le suele
llamar, “cotidiano”. Para la gente, hacer volar un avión de toneladas de metal
infinitamente más denso que en aire no es cuestión de fe, no sea que alguien lo
revise y descubra que no se puede. Es una pena.
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