Es curioso lo importantes que son para nosotros los muros y
no por ser curioso, es difícil de explicar. Son capaces de separarnos de todo
lo demás, al menos los que son de ladrillo y bien altos.Somos una sombra contra un muro y tras unos ojos capaces de darle un nombre a todo. Vivimos rodeados de un muro, un muro metafórico los que más
suerte tenemos, y este nos separa de los demás en todo aquello que no queremos
que los demás conozcan. Puede que tras el muro de cada uno, guardemos lo mismo.
Eso son muros, pero no son el Muro. Esta súper estructura es
propia nuestra pero somos ajenos a ella. Es una pared muy elástica, casi hecha
de algún tipo de fluido. Es esta membrana la que nos permite llegar a casa,
sentarnos en el sofá y poner la tele. Este Muro nos permite vivir, sabiendo que
nuestro tiempo es prestado, que no podemos vivir dos veces cada segundo.
El Muro impide que nos volvamos locos, nos permite perder el
tiempo, incluso divertirnos haciéndolo. Es un velo que se interpone entre ahora
y luego, nos difumina tanto ese luego, que confiamos que está ahí como siempre
ha estado.
Es capaz de amortiguar todo contacto con la realidad más
real que existe, convierte a nuestro cerebro en la sustancia más resbaladiza
que existe ante la idea de que quizás mañana no estemos aquí, incluso hundidos
en el lodo de la verdad es capaz de actuar como una fina caña de bambú por la
que dar los últimos suspiros.
Antes que toda protovida hubo de estar el Muro. ¿Para qué,
si no, se iba a molestar una molécula en crecer, en replicarse, en obtener
energía? Lo que nos convierte en seres vivos nos hace también ignorantes,
avanzar de espaldas por el tiempo, viendo solo lo que ya ha ocurrido y no lo
que va a ocurrir no es impedimento para seguir andando, una fisura en el muro
es tan rápidamente arreglada que ni seamos conscientes de que ha existido. Si
el Muro de alguien falla, tan “inteligentes” son los de los demás, que automáticamente
lo toman por loco.
Si él solo no es capaz de contener la abrumadora idea de que
es necesario, recurrimos a fermentos, mentiras y falsas esperanzas. Es el
mecanismo cerebral, en mi opinión, más perfecto que hay y probablemente viva en
ese 90% del cerebro que la gente insiste en que no usamos.
Lloramos al nacer y quizás no solo sea por respirar, quizás es
nuestro primer contacto con el Muro, quizás no sea un foco lo primero que vemos
y sea la silueta de un cráneo y el silbido de una guadaña rápidamente
sepultados y aislado de nosotros por un montón de ladrillos metafóricos.