De una jarra a la otra... No ha sido tan difícil.
Erase una vez un chico, al que se le presentaba el mundo poco a poco, que le enseñaron un juego "Monkey Island" de los mejores de todos los tiempos, en teoría. Es una aventura gráfica con la que te ríes y te rebanas los sesos pensando y clicando en cada pixel de la pantalla en busca de cualquier cosa que cupiese dentro de otra cosa o que activase esa otra cosa. Un verdadero dolor de cabeza.
Pues el caso es que de los pocos recuerdos que guardo de ese juego, había una misión en la que tenías que abrir una cerradura, llegué a la conclusión de que había que usar ácido (o en su defecto un mejunje que bebían los piratas del juego). Para llevarlo desde la posada a la cerradura ... ahí estaba la clave.
Tras mucho probar caí en lo obvio, me lo llevo en una jarra. El problema es que la maldita jarra se deshacía por el camino, tras probar mil atajos y encabronarme mil y una vez, mi prima me dio la solución (o me hizo pensarlo, no me acuerdo). "Cuando se vaya a deshacer una jarra, échalo a otra" aplastantemente lógico, una vez conoces la respuesta.
Desde entonces llevo la lección grabada a fuego en el cerebro, como un surco:
A veces los árboles no te dejan ver el bosque.
Hay formas de pensar bastante más eficientes que la lógica.
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